Los secretos de Kate Logan (I)
Por José Manuel Durán Martínez “Rain”
EL COMIENZO
Quedé con él al lado de la rotonda. Hacia tanto tiempo que no estaba entre sus brazos, que no besaba sus labios, que era un manojo de nervios y eso me divertía porque me hacía sentir viva. Mi corazón latía a un ritmo dinámico y vivaz. En el fondo sabía que era un error pero lo necesitaba tanto que mi razón se nubló. Y puedo decir, sin temor a equivocarme, aunque creas que soy una estúpida, que no me arrepiento de haber caído de nuevo porque he sido yo la que lo he estado buscando. Jamás me he sentido tan bien con él como con otra persona, no sé, su mirada, su pequeña sonrisa, sus palabras… me parece una persona fantástica e interesante y aquél encuentro, el primero después de tanto tiempo, me hizo sucumbir de nuevo a sus encantos.
A través de su mirada me he sentido una mujer amada, las palabras que desprende su corazón me confortan, por no decir lo efusivos de sus abrazos, en los que el mundo parece detenerse cuando me agarra, cuando nuestros cuerpos se pegan y en silencio permanecemos varios segundos, minutos incluso, diciendo tanto sin decir nada que muchas veces mis ojos se han humedecido sin que él se diera cuenta. Y luego están sus besos, ¡qué forma de besar!, pega su boca a la mía y me deja sin aliento, son tan largos y profundos, tan cargados de sentimiento que las piernas me tiemblan, pero él no lo sabe porque cuando eso sucede yo me agarro a su pecho con fuerza. Mis encuentros con él son maravillosos, intensos y aunque nunca tenemos mucho tiempo puedo asegurarte que durante ese tiempo soy una persona feliz.
Pero aquella mañana todo cambio. Jamás volví a verle y no porque no quisiera sino porque simplemente desaparecí.
Todo iba francamente bien. Me estremecí cuando por fin pude estar a solas frente a él, con aquella mirada sincera que me devoraba, con aquella expresión en su rostro que demandaba una seriedad extrema y que yo sola podía comprender. Y cuando me agarró, cuando por fin después de tanto tiempo me tuvo entre sus brazos, oí los latidos de su corazón y saboreé su olor, deseando que nunca se desprendiera de mí. Y luego me besó.
Y aquello acabó por derretirme. Fue tan bonito, tan especial. Recuerdo cuando nos miramos a los ojos, observándonos, dejando que ellos se expresaran.
Luego, dibujando una sonrisa entre sus labios pronunció aquellas palabras a las que no estaba tan acostumbrada: “Te quiero” y busqué sus labios y lo abracé como si el mundo fuera a llegar a su final en aquél mismo momento.
Poco podía imaginar que ese sería el último día que lo vería y no porque no quisiera sino porque el destino me tenía reservada una sorpresa desagradable contra la que, de saberlo, podría haber luchado no acudiendo a aquél lugar pero lo hice y entonces lo perdí. Aún siento que me quiere, que me ama, que pronuncia mi nombre en sueños pero ya no podré estar a su lado aunque desde el lugar en el que me encuentro siempre intento acercarme para que note mi presencia y no sé si estos intentos son vanos o una pérdida de tiempo.
Recuerdo claramente la conversación que mantuvimos aquél día, mientras nuestros ojos echaban chispas por contener la pasión y nuestras manos estaban entrelazadas, siendo en aquél momento las dos personas más felices de la tierra. Yo al menos lo era.
-Víctor, ¿Sabes que se ha muerto un familiar mío al que apenas conocía?
-Vaya, lo siento.-dijo él mirándome a los ojos. Cuando hacía eso me volvía loca de felicidad, me sentía tan amada, tan querida que estuve a punto de saltar y colgarme de su cuello. Si las circunstancias nos lo permitieran, cada vez que me miraba con tan intensa sinceridad, me habría abalanzado sobre él y hubiéramos hecho el amor allí mismo porque lo deseaba con toda mi alma y percibía que él sentía lo mismo. Estaba enamorada de él y a su lado sé que sería muy feliz.
-Víctor, ¿Sabes que se ha muerto un familiar mío al que apenas conocía?
-Vaya, lo siento.-dijo él mirándome a los ojos. Cuando hacía eso me volvía loca de felicidad, me sentía tan amada, tan querida que estuve a punto de saltar y colgarme de su cuello. Si las circunstancias nos lo permitieran, cada vez que me miraba con tan intensa sinceridad, me habría abalanzado sobre él y hubiéramos hecho el amor allí mismo porque lo deseaba con toda mi alma y percibía que él sentía lo mismo. Estaba enamorada de él y a su lado sé que sería muy feliz.
-No, no pasa nada, el caso es que.-metí las manos en el bolso y saqué lo que andaba buscando.-Acabo de heredar una casa.
Levanté las llaves y él la cogió y la sostuvo en su mano. Sonrió al ver el llavero y me miró. ¡Dios! De nuevo esa mirada que lograba derretirme. Decía tanto con sus ojos. Me sonrió con su bonita boca (me encantan sus labios) pero no dijo nada, jugó unos segundos con las llaves y me las devolvió.
-Esta tarde voy a verla. Mis hermanos se han quedado un tanto perplejos porque la casa es solo para mí. Ojalá pudieras venir a verla conmigo…
-Sabes que no puedo.
-Lo sé.-pensé y ahora agradezco que no me acompañara porque él habría seguido la misma suerte, no sé, por un lado quizá hubiéramos estado juntos para toda la eternidad (algo que tanto él como yo deseábamos) pero morirse no era el modo en que yo pensaba pasar el resto de mis días con él. Su hubiera venido conmigo… estaría muerto.
-Sabes que no puedo.
-Lo sé.-pensé y ahora agradezco que no me acompañara porque él habría seguido la misma suerte, no sé, por un lado quizá hubiéramos estado juntos para toda la eternidad (algo que tanto él como yo deseábamos) pero morirse no era el modo en que yo pensaba pasar el resto de mis días con él. Su hubiera venido conmigo… estaría muerto.
Como yo lo estoy… aunque a veces dudo que esto sea en realidad la muerte.
Pero no. Fui sola a aquella casa y me metí en el mismísimo infierno. No me hubiera importado si Víctor me hubiera acompañado porque lo echo mucho de menos y ahora me siento sola.
Detuve mi coche frente a mi nueva propiedad. Solamente quería echarle un vistazo, era evidente que necesitaba una buena remodelación y yo no tenía dinero para embarcarme en algo de tales dimensiones aunque, quizá si la vendiera podría obtener pingües beneficios… pero desgraciadamente (y lo pone bien claro en el testamento) si me quedo con la casa no podré venderla ya que de hacerlo los problemas legales llamarían a mi puerta y prácticamente me hundiría en la miseria.
Y ahí estaba, frente a la vieja casa que más parecía un monstruo horrible en mitad de un bosque, aunque no era un bosque pero sí una zona apartada repleta de árboles. Un buen lugar para escribir historias de terror, pensé. Y sonreí. A Víctor le gustaría.
Tardé varios minutos en bajar del coche, estaba fascinada viendo la fachada de la casa que debía tener dos o tres plantas. Su aspecto era siniestro y estaba convencida que la vetusta mansión (porque era algo más que una simple casa) crujía por las noches, como lamentos agónicos que harían palidecer al joven más valiente. Me imaginé a Víctor en una de las habitaciones, escribiendo una novela a la luz de una vela mientras yo esperaba el momento en que decidiera levantarse para sentarse a mi lado y besarnos. Luego iríamos a nuestra habitación y haríamos el amor. ¡Ay, qué bonito era soñar!
Debo admitir que estaba en duda, no sabía si entrar en la casa o marcharse y volver acompañada. No era una mujer cobarde pero tampoco veía la razón de meterme en un lugar desconocido en plan chica busca tesoros ocultos. Aún así, bajé del coche y cerré la puerta con llave. Desde ese mismo momento me sentí observada.
Miré alrededor, busqué con los ojos la presencia de algún curioso oculto entre los arboles pero no vi a nadie. Fue al girar la cabeza y alzar la vista hacia las ventanas superiores de la casa.
Por un espacio muy breve de tiempo creo que acerté a ver la silueta de un hombre observando a través de unos sucios ventanales. No puedo estar segura del todo porque por más que miré y miré a nadie vi y no podría jurar si la imagen fue real o fruto de mi imaginación. Seguro que Víctor tendría una explicación para esas cosas y pensé en comentárselo, por supuesto, pero ignoraba que ya no tendría esa oportunidad.
Ahora sé perfectamente que la casa no estaba deshabitada, que efectivamente, en aquella ventana había un hombre… y digo “hombre” por decir algo que entiendas ya que todavía no quiero adelantarte la oscura realidad que se ocultaba en aquella casa y que cambió mi vida por completo.
Encendí un cigarro y lo consumí rápidamente para tranquilizarme. Después, saqué las llaves del bolso y las introduje en la cerradura. Oí el chasquido metálico y la puerta cedió.
Un olor a rancio salió del interior como si huyera despavorido de aquél nefasto lugar.
Empujé con fuerza la pesada puerta y entré.
Empujé con fuerza la pesada puerta y entré.
Nada más poner el pié en aquella casa supe que había perdido a Víctor para siempre…
…pero no solo a Víctor sino también mi libertad.






